Durante mucho tiempo pensé que algo en mí no funcionaba. Tenía un buen trabajo, estabilidad, una vida que desde fuera parecía “correcta”. Y, sin embargo, por dentro me sentía vacía, desconectada, como si estuviera desaprovechando todo mi potencial. ¿Te suena?
Hoy quiero compartir contigo algo que me cambió por completo la perspectiva: no estaba rota, solo estaba desconectada de mi propósito.
El vacío interior que nadie ve…
Estuve años con la sensación de vivir una vida que no había elegido de forma consciente, como si todas mis decisiones fueran consecuencia de “lo que hay que hacer”. No es que mi vida fuera un desastre; era más bien como si supiera que hay algo más ahí fuera, más alineado con mi esencia y mis motivaciones, pero sin saber cómo llegar a ello.
Tenía una voz constante dentro de mí que me susurraba: «Esto no es lo que vine a hacer». Cuanto más la ignoraba, más fuerte se hacía. Esa sensación agobiante de estar desperdiciando mi tiempo…
Pero esto que te cuento no solo me pasó a mí: le pasa a muchas mujeres. No es casualidad. Entre los 30 y los 45 muchas empezamos a hacernos preguntas clave:
¿Qué sentido tiene todo esto?
¿Es esto lo que quiero para los próximos 10 años?
¿Cuánto de lo que hago hoy tiene valor real para mí?
¿Cómo puedo aportar al mundo desde lo que soy?
Es una llamada interna. A veces suave; a veces, desgarradora. Y es ahí cuando dejas de postergar y empiezas a dedicar tu limitado tiempo a aquello que te importa. Empieza un camino precioso: un camino elegido por ti.
El propósito no es una profesión: es una conexión
El propósito no tiene por qué ser una profesión. Pero sí es importante que tu profesión te permita ejercerlo. Para mí, propósito es aquello que haces y está profundamente alineado con tus valores, talentos y habilidades; algo valioso para ti, que contribuye al bienestar del mundo y de las personas que te rodean.
Imagina que trabajas en una gran empresa productora de carne: un entorno competitivo, orientado a resultados y con poca flexibilidad. Y tú, en cambio, eres colaborativa, te gusta trabajar en equipo, contribuir desde tus fortalezas, tener autonomía horaria y, además, eres vegana. ¿Ves el conflicto? No es que unos valores sean mejores y otros peores: simplemente no encajan contigo. Cuando eso ocurre, la motivación económica no es suficiente y aparece lo que muchas personas llaman un “vacío existencial”.
El propósito, al final, es una forma de vivir alineada con lo que eres, con lo que te mueve, con lo que te importa y con lo que se te da bien. Hay una frase que me encanta de Johann Wolfgang Goethe: «Los anhelos son los presentimientos de facultades que residen en nosotros, los signos precursores de lo que un día estaremos en condiciones de llevar a cabo».
Ese propósito puede manifestarse en muchas formas: en tu trabajo, en tus relaciones, en tus decisiones… Pero necesitas tenerlo presente. Y como el trabajo ocupa tantas horas, es lógico que, si no está conectado con tu propósito, acabes sintiéndote vacía sin saber por qué.
Por eso es tan importante mirarte hacia dentro: revisar tus valores, talentos, fortalezas y motivaciones. Y permitir que esa verdad interna sea la guía hacia la vida que realmente quieres construir.
¿Y si empezaras por mirarte de verdad?
A veces, el primer paso no es un gran salto. Es simplemente detenerte, mirarte con honestidad y hacerte preguntas clave como: ¿Cuáles han sido los momentos más felices de mi vida? ¿Qué es importante para mí en este momento? ¿Qué cosas he hecho que, al terminar, me han hecho sentir plena?
Desde ahí… empieza el camino. Un paso. Una elección. Un “sí” a ti.
👉 ¿Quieres reconectar contigo?
Descarga gratis la herramienta «La Rueda de la Vida», un ejercicio práctico para descubrir en qué áreas estás alineada y en cuáles necesitas reconectar.


